La vieja Bolonia, o la Urbe Roja no por su corazon comunista, efervencencia politica de una de sus universidades más antiguas de Europa, sino también por el color de sus edificaciones de ladrillo rojo, es la eterna segundona. En medio del país, es una de las grandes en donde el turismo va de paso. Digamos que como Turín atesora un increible patrimonio monumental y kilometros y kilometros de soportales. Cierto que pueden llegar a resultar cansinos, pero le da un aspecto destacado.

El NH de la Gare resultó un fiasco como Air Nostrum. O sea el tipico hall de diseño, querer y no poder cuando descubres el rancio estilo de muchas de sus habitaciones no rehabilitadas. No puedes hacer el check in hasta las tres, y resulta un poco alejado del centro de la ciudad, que es Piazza Maggiore, aunque sea accesible a pie. Caminar por la inmensa y rectilínea Via de la Indepedenzia, bajo los soportales hasta el corazón de la urbe, nos da idea de lo exteso que es la vieja Bolonia. De esos lugares con poca afluencia monumental en donde gastaremos nuestras zapatillas. Que maravilla, no veo demasiados turistas por la calle. 
Como ocurre en cualquier punto de Italia, sus plazas son artisticos escaparates del alma estetica en donde el arte se abre camino, hasta dejarte enfermo de tanta contemplacion. No solo la famosa catedral inacabada San Petronio, sino las damas que coronan los cuatro lados de Piazza Maggiore. En los cuatro costados palacios, cual hermosas damas como el Re Enzo del hijo del Emperador Federico II, el Podestá, Banchi (de los banqueros) o el Notai (de los banqueros), y otros elementos que hacen Piazza Maggiore un enorme pastel de arte, como el famosa Fonte de Nettuno en la adyacente Piazza de Nettuno. 
Bolonia tiene dos cosas destacadas, que la hacen especialmente hermosa, además de la mortadella. En primer lugar, no hay calle que casi no tenga soportales, lo que en el primer momento, nos hace sentir un poco agobiados de tanta uniformidad, y las famosas torres boloñesas. Los soportales, ni más ni menos que 42 kilómetros de pórticos. Por otro lado, las familias nobles decoraron la ciudad con altivas torres (de las que quedan 20 en total), pero con dos protagonistas famosas. En primer lugar la famosa "Torre de Pisa" local que es la Garisenda con una inclinación de 3 metros. Tras contemplar su alarmante inclinación, se construyó la Asinelli, con una leve inclinación de 22 cm. 
Comida Emiliana ¡prego¡, y los arcos laterales de Via Degli Orefici o Pescherie Vecchie aparte de callejones medievales, la vetusta Librería Anannina, es el lugar de los aperitivos a media tarde. Terrazas bajos los soportales, con buffet de tapas acompañadas de Spritz o Proseco como el Nu Lounge, o el Palais en Via dei Muesi. Hay salumerias, restaurantes varios (hay que probar la Casa Schiavina, que desde 1831 es el lugar boutique gastronómico más interesante de la ciudad), y el ambiente local es particularmente activo como en la Vía Pratello. Es una calle recolecta de tapeo de la ciudad. Los seres humanos tenemos una mente selectiva y corta, que nos hace quedarnos con los últimos recuerdos de cada lugar que visitamos. La primera impresión fue de una ciudad especialmente áspera, monótona, y con una población que cree que los turistas, no necesariamente son una bendición. Pero mi disco duro fue cambiando lentamente, y no por la potencia monumental de una ciudad artísticamente inmensa, sino porque además de bella es auténtica, estudiantil y muy local. 
Y cuando quieres evadirte, aprecias el bullicio como el de Bolonia. No solo jovenes contestarios, pintadas, sino por el ambiente estudiantil del final de la Via Zamboni, que es espectacular. No te pierdas la Piazza Verdi a la hora de comer, y los miles de locales de comida rapida que por 1'50 te darán "Pizza al Taglio" (a trozos). No hay placer mejor , que terminar la jornada que un buen café en los locales "de toda la vida" de Piazza Maggiore, como el Vittorio Enmanuele, y en donde recibes un espectacular sablazo. Pero que diablos, estamos de evasión y huída rápida. Me retiré perdiéndome por las callejuelas de Bolonia, con una iluminación muy sugerente, y disfrutando lentamente cada una de las esquinas de la ciudad. 

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