martes, 13 de marzo de 2012

IRLANDA: 3) La dura Belfast



Tanto azúcar era insoportable. No se si por una malsana curiosidad, pero es que quería comprender el porque dos comunidades tan cultas, y de una sociedad tan civilizada pueden empeñarse en hacerse la puñeta de forma tan innecesaria. Cuando hablas de muros, enfrentamientos, y atentados, te acuerdas de Nicosia, Palestina, o Beirut, jamás de la verde  y dulce Irlanda del Norte. Sin juzgar, solo quería intentar ver una realidad de un enfrentamiento larvado. Decidí dirigir mis pasos hacia Belfast,  también para sumergirme en el mito Titanic, construido en los astilleros de Harland & Wolff.


El paisaje sigue siendo especialmente dulce, hasta las puertas de Belfast. Dos paradas idílicas como el coqueto pueblo tradicional irlandés de Droghera y en conjunto monástico de Monasterboice. Entrar en la ciudad de Belfast no es especialmente agradable. Cruzas enormes barrios deprimindos, o por lo menos dentro de los estándares de una sociedad opulenta, y todo tiene un impas silencioso, y trágicamente contenido. Alguna casa quemada todavía hoy, nos recuerdan los periódicos acontecimientos de Belfast, en una indigesta convivencia entre católicos y protestantes. Terrorismo, represión, y conflicto civil especialmente drámatico en años 2002, y 1969, en donde a ardió media ciudad. Hoy en día, no hay paz sino ausencia de conflicto, en una ciudad que vive una segregación absolutamente milimétrica, salvo en el centro en donde la gente se fusiona, en una tensa convivencia. Cualquier taxista estará ansioso de llevarte a las zonas calientes, precisamente donde entran en contacto las dos comunidades.

Sobre todo entre nor y sureste de la ciudad, en la línea caliente que delimita los barrios de Falls y Shankill. Es una lucha silenciosa, y sobre todo artística que se plasma en murales pintados en las fachadas de las casas, lanzando un mensaje desafiante a la otra comunidad. Bobby Sands, batallas, héroes locales, o armas. No podemos comprender demasiado la lista de agravios, pero si respiramos un profundo odio no cicatrizado. Es una de las pocas ciudades del mundo, en donde enormes muros separan a comunidades enteras. Si el de Berlín ha caído, no en Belfast en donde son más altos que nunca. Todavía quedan 41 en toda la ciudad, llenos de mensajes de paz,  sueños, e historias trágicas. Teóricamente se llamaron “Peace Lines”, líneas de paz, aunque comúnmente se denominan, “Walls of Shame”: muros de la vergüenza. No pude dejar de escribir mi deseo particular. 


El centro de Belfast es mucho más próspero, por los ingentos intentos de la metrópoli por normalizar la situación, inyectando dinero, y haciendo de Belfast una ciudad atractiva, y equiparable a otra ciudad del país. Aunque fue intensamente bombardeada en la Segunda Guerra Mundial, posee una ecléctiva mezcla entre edificios victorianos, y modernidad. La joya es el ayuntamiento, que todavía conserva una impresionante colección del Titanic. Además ejemplos tan destacados como el Ulster Bank, la Queens University, o Linehall. Pero realmente nada deja tanta huella como la Belfast de la separación.

Mañana necesitaba otro cambio de tercio, e iba a ser de nuevo una escapada a la rural Irlanda con otra incursión al interior. Más concretamente a otros dos iconos turísticos como Kilkenny, su castillo y el Rock of Cashel, quizás el más hermoso de todo el país. 

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