domingo, 11 de marzo de 2012

IRLANDA: 1) Viaje y Dublín



La verdad es que Galicia e Irlanda comparten alma, tradiciones, idiosincrasia como viejos pueblos celtas, pero siempre han estado demasiado lejos en cuanto a comunicaciones refiere. Hasta que un día la verde Aer Lingus, decidió unir la verde Irlanda, con la verde Galicia aterrizando en Santiago. Aprovechando la efeméride, decidí cruzar más allá del Cantábrico hasta la tierra hermana. Irlanda es como una perpetua melodía, y en este caso quería dejarme llevar por lo más tradicional. Podría decir que quería buscar la esencia de la Irlanda más cercana a Dublín.


Volar con Aer Lingus es hacerlo en con una aerolínea seria, eficiente, pero que últimamente ha adoptado las políticas low cost en su funcionamiento. Reserva web, precios interesantes, equipaje limitado, pero unas auxiliares entregadas, que ofrecen uno de los catering de pago más suntuosos y exquisitos de las aerolíneas del sector. Una pena no salir por la mañana para probar el contundente desayuno irlandés que se sirve a bordo. En menos de dos horitas, dejando debajo La Coruña, inusitadamente golpeada un mar embravecido, pero un sol radiante, entramos por el sur de Irlanda. ¿Hemos tal vez vuelto a Galicia?. Reconozco el terreno. Minifundio, bosques, un verde esmeralda más intenso. Como dos hermanas, siendo el panorama irlandés desde la altura un poco menos agreste y decididamente más domesticado. Bienvenido a la dulce Irlanda.


Tras tomar el bus, decido alojarme en el Saint George, al final de O Connell Street, justo delante de una de las paradas del autobús del aeropuerto. La verdad es que si estás en un sitio tradicional necesitas meterte en el papel, y el Saint George es una típica mansión dublinesa, convertido a hotelito de medio pelo, que todavía conserva interiores moderadamente señoriales, con su salón que parece sacada de un decorado de la casa de “Arriba y Abajo”. Habitaciones cómodas, sin demasiados lujos, pero con un desayuno irlandés con todos los elementos propios de una acumulación de calorías, intolerablemente insanas, pero que cargan las pilas para las jornadas de exploración. Obviamente el primer día toda, caminar, y caminar, volviendo a disfrutar sin prisa, pero sin pausa, una de las capitales, más tranquilas y amistosas de toda Europa.

A pesar de que Irlanda es un país con entidad propia, no puede negar años de dominación británica, y sobre todo tener un cierto regusto anglosajón en su forma de vida. No quiero decir que sea como una ciudad de provincias británica, pero como definición usada desde el país vecino, me sigue pareciendo muy injusta. Aunque que tiene cierto sentido, en lo que se refiere a la tranquilidad que siente en las calles de la capital de Irlanda. La situación me permite exploraciones a pie. Camino hacia abajo, la principal artería de la ciudad que es O´Connell, y en donde se concentran algunos de los edificios más importantes de Dublin, como la Post Office, y sobre todo paraíso comercial,  en donde podemos encontrar uno de los templos del consumo que el lujoso Clery´s; una especie de Harrods local. Es una calle para contemplar exquisitos edificios decimonónicos, y rememorar “la no siempre tranquila historia del país. Como enorme boulevard de casi 49 metros de ancho es ideal para pasear hasta O´Connel Bridge, que es un puente que da entrada al corazón de la ciudad.

  Meigas habelas hailes, Galicia e Irlanda unidas por leyendas meigas, fantasmas. Y no hay sociedad mas inclinada a lo paranormal. Su fantasma más popular es el de Molly Malone, popular pescadora con una estatúa al principio de Grafton Street, heroína de la popular canción “Cockles and Mussels”, y que fallece de fiebres, cuando vendía marisco por las calles de Dublin. Una especie de trágica “My Fair Lady”. El aire siniestro, se manifiesta en cada callejón, castillo y esquina de la enigmática Dublin. No en vano, la presencia sobrenatural es omnipresente también en su literatura, con muestras tan destacadas como los irlandeses Mary Shelley con su Frankestein, y Bram Stocker con su archifamoso Drácula. Leyendas a un lado, la monumental Dublín comienza al otro lado del puente en las inmediaciones del Trinity College, el corazón cultural del país. Universidad tradicional con sus famosos colleges, tan opulentos como las prestigiosas universidades de Oxford y Cambridge, en donde hay que visitar entre otras cosas el famoso Book of Kells. Una joya impresa de un evangelio del Siglo VIII. Edificio del banco de Irlanda, y comienzo de Grafton Street, que es la calle comercial peatonal de paseo, y con el comercio más tradicional de la ciudad. 



No podemos perdernos dos centros comerciales tradicionales, como la Powercourt Townhouse, y al final de la Grafton el curioso centro de St Stephe Green, que simula un enorme invernadero de metal y cristal, justo en el parque del mismo nombre, que supone la respuesta dublinesa, a lo que sería el Hyde Park londinense. Es un parque tradicional con todos los referentes anglosajones, como césped para comer sandwitches y tomar el sol, estanques con patos, y una inmpoluta jardinería que estalla con todo su esplendor en épocas invernales. En el norte del parque, y tras un tradicional “Irish Tea” en el lujoso Shelbourne Hotel, toca la zona de los museos, entre Kildare Street y Merion Street Upper West. National Museum of Ireland, National Library, National History Museum, o la National Library.  Todo paseo por Dublín de terminar caminando al Castillo de Dublín, y a sus dos catedrales Christ Church y Saint Patrick, y por las calles de arquitectura georgiana.

A pesar del carácter anglosajón, los irlandeses son joviales, bulliciosos, vitales, y sobre todo festivos. Dublin cambia su cara, y al atardecer todo bulle de actividad, pubs, música, y fiesta. De esos pubs tradicionales con olor Irish Stew (asado irlandés), baladas tradicionales, y litros de cerveza Guinness. Temple Bar y las melancólicas riberas del rio Liffey, siguen siendo las partes más gamberras de la ciudad, en donde usualmente se vive la “marcha” más autóctona y local. Algo turistón, se respira una especie de fiesta irlando-latina, hasta altas horas de la noche. La verdad, es que uno hace lo que puede, pero no estoy en edad de ser perdidamente golfo, y termino rendido en cama. Mañana necesitaba enormes dosis de soseigo, tras una larga jornada Dublinesa. Si podría llamarse, la cosmopolita Irlanda, mañana iba a ser “buscando las raíces de Irlanda”. 

2 comentarios:

  1. Desde que pusieron vuelos directos a Dublín desde Santiago (y además con Aer Lingus, en vez de con el Ryanair de los c...), y tuvieron éxito, y todo parece que van a continuar... he empezado a tener muchas ganas de visitar Irlanda un día. Algún día. No sé cuando (aún)...

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